Guía para sobrevivir a personas tóxicas (I)

Tengo el placer de compartir con vosotros un artículo escrito en colaboración con https://maxicostales.es No sólo es el mejor psicólogo  que hay, sino una maravillosa persona. Así da gusto escribir…….
Desde siempre los psicólogos hemos tratado de clasificar o dar nombre a las distintas formas de ser de las personas. Sin embargo, siempre nos encontramos con personas a las que es difícil ponerles un nombre. Son gente “rara”, en el mal sentido de la palabra. Bernardo Stamateas hizo popular el término gente tóxica en su libro de igual título. Me gusta esa definición. Una toxina es una sustancia que actúa en nuestro organismo y produce un efecto negativo, que viene a ser lo que hace la gente tóxica. Son personas nocivas para nuestro bienestar mental y nos hacen la vida imposible. Pueden aparecer en cualquier parte: en el trabajo, en nuestro grupo de amigos, en nuestra casa… en cualquier sitio donde tengas que interaccionar con personas.
Una persona tóxica es aquella que nos hace sentir mal, a pesar de los muchos esfuerzos que hagamos por evitarlo.
 Son personas que te nivelan para abajo, que producen miedo o culpa, que manipulan, tienden a pensar solo en sí mismas y siempre priorizan su propio ego. Tienden a hacer sentir mal al otro para poder sentirse bien ellos.
Hay muchos tipos de personas tóxicas. Están los “quejones”, los “manipuladores”, los “dadme atención”… ¡Podría hacer toda una serie de artículos, describiendo en cada uno un tipo! Veamos alguna de sus características:
  • Son expertas en manipulación y muy absorbentes (mucha gente es incapaz de alejarse de ellas porque consiguen “enganchar” a sus víctimas).
  • Atacan a los demás personas, porque no saben relacionarse de otra forma. Es como un chute de heroína para ellos, les hace sentirse importantes y fuertes.
  • Muchas cosas que disgustan a la gente normal, a ellos parecen motivarles (broncas y riñas, por ejemplo).
  • Hablan en vez de hacer, y además hablan siempre en negativo. Nunca intentarán hacer algo si pueden, simplemente, hablar de por qué no se puede hacer. Los quejicas son especialmente dañinos, se centran en los problemas, solo ven la perspectiva negativa y te impiden centrarte en las soluciones.
  • Nunca te hablarán de cosas positivas, adoran hablar de los defectos (de otros, claro) y de diferentes clases de desgracias y sufrimientos.
  • Tienen un monotema de conversación con el que te asfixiarán. Puede ser cualquier cosa, como cine o cómics, y si no te gusta eres un imbécil.
  • Son egocéntricas… y mucho. Suelen hablar continuamente de sí mismos, alimentando su propio ego. Naturalmente esto hace muy difícil que se pongan en el lugar del otro o que sean conscientes del daño que pueden hacer.
  • Son celosos, paranoicos y envidiosos: nunca son agradecidos con lo que tienen y cuando alguien consigue algo, los critican y los envidian. No esperes que se alegren de tus éxitos.
  • Todo lo malo ocurre por causas externas: es culpa de los demás, del mundo, de la suerte, de la sociedad o del cartero. Jamás admitirán responsabilidad alguna por las cosas malas que les pasan. Echar balones fuera y culpar al mundo es su especialidad.
  • No admiten opiniones distintas a las que ellos ya tienen. No argumentan sino que atacan a la otra persona. Saltan a la mínima, se indignan con facilidad y así alimentan su resentimiento hacia los demás. Internet es un caldo de cultivo ideal para este tipo de personas.
  • Suelen mentir según les convenga, como buenos manipuladores que son. No les importa el daño que puedan hacer en temas que pueden ser dolorosos para las personas objetos de la mentira
  • Juzgan sin saber, con rapidez y sin pensar, y rara vez cambian sus opiniones.
Podríamos definirlos de un millón de maneras diferentes, pero tienen una característica  común todos ellos: provocan emociones negativas. Suelen tener una baja autoestima y una enorme frustración, están estancados en el dolor y en el resentimiento. Son personas que carecen de empatía, o bien no la usan para nada. No necesariamente son personas malvadas: es muy frecuente que ni siquiera se den cuenta de lo mal que nos hacen sentir. Lógicamente, y viendo su actitud, es normal que pensemos que son gente “mala”.
Cómo nos afecta una persona tóxica
Hay que ponerse alerta cuando una persona (y solo esa) nos hace sentir mal. Basta que vayamos a verla o quedemos con ella para que empiece a subirnos la ansiedad y en su presencia estamos incómodos, nerviosos o irritables. ¿Por qué nos ocurre con esa persona y no con otras? ¿Qué ocurre? Pues a lo mejor resulta que estamos ante una persona tóxica.
Basta pasar tiempo ocasionalmente con alguien tóxico para que tu desempeño y productividad se vean afectados, y por lo tanto también el valor de tu tiempo. Estas personas nos arrastran  su terreno y allí nos vencen con la experiencia: si es alguien que se dedica a quejarse, nos encontraremos de pronto hablando de penas y desgracias; si es alguien que busca discutir, nos veremos de pronto enzarzados en una discusión absurda. Y creedme, es difícil resistirse. Es fácil, casi instintivo, dejarse llevar por estas personas y seguirles el juego.
Nos hacen sentir culpables. Muchas veces no se les dice nada por ese sentimiento de culpa, por no sentirse mal, porque “pobrecito, lo pasa mal”… y acabas justificando sus palabras y sus actos. Siempre está presente su “crítica constructiva” que te hace sentir inadecuado o poco valioso, bajo el disfraz de que se preocupan por tu bienestar. “Es por tu bien”, pero te machaca.
No siempre tienen malas intenciones. A veces parecen buenas personas y realizan actos que te hacen olvidar todo lo malo, pero eso no significa que sean buenas para ti. Un buen pastel de chocolate no es bueno para un diabético. Asociarte con alguien que constantemente te está impulsando a probarlo es tan suicida como cocinarlo para ti mismo.
Es verdad que para que haya una persona tóxica tiene que haber alguien que se deje «intoxicar». Pero ¡ojo!, esto no significa que seamos nosotros los culpables. Nada más lejos. Significa que tenemos el poder y la responsabilidad de protegernos de este tipo de personas. Si dejo que alguien me agreda es porque me cuesta ponerle límites al otro, lo que significa que me cuesta “decir que no”. Creemos que si le negamos algo a esta persona nos castigará con su rechazo o perderemos su aprobación, y eso nos da mucho miedo. Si te da vértigo alejarte de golpe, un buen consejo inicial puede ser que reduzcas la cantidad de tiempo que pasas con esa persona y que poco a poco veas que la calidad de tu vida mejora, que no es tan horrible estar solo o en compañía de otras personas.
Próximamente publicaremos la 2ª parte: ¿cómo tratar con una persona tóxica?

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Ilustración de La Coleccionista de Palabras

BONJOUR MON AMIE!

Cuando somos niños soñamos con ser exploradores y descubrir nuevos lugares, pero poco a poco vamos perdiendo ese espíritu aventurero cuando te das cuenta que la vida no es como la habíamos imaginado. Yo siempre había soñado en viajar a Paris en mi luna de miel con mi pareja  y que allí pintaría la Torre Eiffel  y todo “sería perfecto”. Ahora resulta hasta absurdo escribirlo porque yo misma me boicoteaba esperando a que esa fantasía se hiciera realidad porque cada vez que se presentaba una oportunidad ponía pegas para no ir porque no se ajustaba a mis deseos de infancia.
Así que cuando se presentó de nuevo la oportunidad decidí aprovecharla. Para nada eran circunstancias nada favorables: me escaseaba el dinero, todavía no soy una gran pintora, la persona con la que iba no la conocía muy bien, el tiempo era escaso para todo lo que quería ver, etc…. Aún así y a pesar de las dudas, los nervios y la ansiedad me embarque en el viaje que siempre había soñado y para nada se parecía  a lo que durante años había fantaseado.
Nada salió como yo esperaba empezando por el tiempo, nos llovió durante casi todo el fin de semana, pero sobre todo cuando quería realizar el sueño de pintar la Torre Eiffel no solo me llovió a mares si no que empezó a nevar, pero aun así me quede allí hasta que lo terminé, no deje que nada me estropeará mi momento ni siquiera algo que yo no podía controlar como es el tiempo.
Mientras estaba allí y se nos presentaba dificultades me decía a mi misma que nada es perfecto, que hay que saber adaptarse a las circunstancias y saber sobrellevarlas lo mejor posible. Me podía haber pasado llorando y quejándome de todo lo que salió mal, porque fueron muchas cosas, pero me quedo con todo lo bueno y que no dudaría en volver a repetirlo otra vez exactamente igual.
Después del viaje me sentía un poco extraña, pudiera  ser que todavía no me lo acababa de creer o porque te sientes lleno de nuevas experiencias, anécdotas, pero a la vez vacío porque vas eliminando todas esas creencias e ideas irracionales que has ido creando y ahora  te das cuenta de que pueden existir otras realidades y caminos, que aunque no son perfectas son reales.

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EL PEDACITO DE NARANJA

Me toca el despertador, lo apago y me hago la remolona; esperando que mi deseo de que no vuelva a tocar se haga realidad. Pareces nueva, ya tendrías que saber que lo deseos no se cumplen. Mi cabeza ya empieza a trabajar y me invaden un montón de pensamientos. El pepito grillo que llevamos dentro ya está haciendo de las suyas, buscando mil razones para no ir a la piscina. Ya ha pasado una semana y el nivel de agua de la piscina sigue bajando, ¡No sabía que se pudiera tragar tanta agua y seguir viva! Pero bueno nadie me dijo que iba a ser fácil y el hecho de que cuando comienzo una actividad nueva me cuesta abandonarla, porque luego me siento una fracasada.

Me he vestido, peinado y desayunado, y apenas he sido consciente de ello. Intento estar en el momento presente y traer mi cabeza de vuelta, porque en realidad lo único que tenemos es el “ahora” y hacer suposiciones del futuro no me beneficia para nada, porque que yo sepa no nací con el don de predecir el futuro. Cuando somos niños, somos sabios sin saberlo; no esperamos, no tememos, solo vivimos.

Cojo la mochila y reviso mi cara, parezco un poco más vieja, pero en realidad soy un poco más cría. Parecen los nervios del primer día de cole. Te sientes como un ser pequeño, tan pequeño que nuestros cuerpos nos quedan grandes “como niños disfrazados de mayores”. Con una respiración profunda y con un paso firme me dispongo a realizar el trayecto.

¡Mierda! ¡Si hoy es viernes y no tengo pintura! ¿Entonces qué haces yendo hacia el taller? Esto tiene que ser la inercia que me lleva en esa dirección, ¡Y con lo que yo odio llegar tarde!

Después de 45 minutos de tortura, caigo en la cuenta de que hoy no ha sido tan malo y parece que voy mejorando. Puede ser que ya me voy adaptando e integrando. Y para sorpresa mía cuando estoy absorta en mis pensamientos, me dice una chica: “se te ha caído un pedacito de naranja” me pareció la cosa más bonita que me han dicho nunca ¡Voy desprendiendo colores! ni Van Gogh lo podría haber dicho mejor.

Resulta que se me había caído un pompón de la toalla al suelo, yo me vi reflejada en ese pedacito de naranja, “Yo era el pompón naranja” y el frio y oscuro suelo sobre el que descansaba el pompón era mi exterior. A lo mejor la clave está ahí, en dejar un pedacito de color en cada cosa que hagamos, incluso en las que nos da miedo o nos resultan más tediosas. Los ciclos son necesarios e inevitables, no podemos conseguir que siempre sea verano. El cambio tira de nosotros en muchas direcciones. Una parte de nosotros los teme y la otra le gusta la novedad, ambas partes conviven en cada persona en proporciones diferentes.

Aceptar, ser pacientes, desdramatizar, amar, llorar, ser fuertes, el viaje tiene sus durezas y sus maravillas. Es un proceso continuo de aprendizaje que nos va haciendo fuertes. Evolucionar nos permite dejar atrás.

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EXPECTATIVA VS REALIDAD

Uno de los mayores problemas que originan el sufrimiento es esperar a que las personas actúen como lo haríamos nosotros. Esperamos que las personas que queremos muestren nuestro mismo grado de sinceridad y compromiso. Y nos sentimos abandonados y decepcionados cuando vemos que no es así.

Todos tenemos expectativas sobre todo en las relaciones personales. Los padres que esperan que sus hijos sean buenos estudiantes complacientes y respetuosos, las parejas esperan que su compañero sentimental les ame durante toda la vida y sea su prioridad número uno o que tus amigos estén ahí cada vez que los necesites. Pero establecer unas expectativas muy altas en quienes nos rodean, es también un modo de coacción, casi una obligación moral a que cumplan nuestros deseos, lo que nos lleva a creer que todo lo que pensamos, sentimos o hacemos es la norma por la que nos debemos regir para juzgar a los demás duramente, nos enfadamos o nos sentimos profundamente decepcionados, pero olvidamos que alimentar desmedidamente las expectativas es el camino más directo y rápido hacia la infelicidad.

Pasamos gran parte de nuestra vida “esperando cosas”, y que las personas actúen a su vez de acuerdo a lo que pensamos de ellas. No somos del todo conscientes que “esperar” es en ocasiones sinónimo de “desear”, y ahí está implícita una pequeña manipulación. Siempre será mejor que las personas que forman parte de nuestra vida actúen con plena libertad y con voluntad propia. Si hacen algo por nosotros es porque así lo han querido desde lo más profundo de su corazón, pero si no lo hacen, no es algo que deba preocuparnos u obsesionarnos.

¿Y cómo coño dejas de esperar demasiado de los demás?

  • Acepta que la vida es cambiante, que quien te quiere hoy puede que ya no te necesite mañana, que quien ahora te apoya puede que dentro de una hora no piense lo mismo.
  • Es de nosotros mismos de quien hemos de esperarlo todo, por la sencilla razón de que puedes controlar tus acciones y tus palabras. Debes ser capaz de resolver tus propios problemas sin “someter” a otros a dicha obligación, tú quien debes afrontar tus miedos y no proyectarlos en los demás.
  • Asume que nadie es perfecto, tampoco tú lo eres.
  • Lo que es válido para ti, no tiene que ser válido para los demás. Deja que actúen según sus valores y
  • Acepta que no siempre debes recibir algo a cambio. Siempre me gusto una frase que resume esto “la verdadera felicidad no consiste en recibir, sino en dar”
  • Asume que tu felicidad depende de ti. Yo por ejemplo condiciono mi felicidad a los comportamientos delos demás, de manera que me vuelvo dependiente de las reacciones delas otras personas y eso me hace sufrir en exceso. Cuando lo ideal es ser responsable de mi propia felicidad.
  • Nunca des nada por sentado, la decepción será menor siempre y cuando evites las altas expectativas y los apegos exagerados.
  • Si te has sentido mal porque tus expectativas no se han cumplido aprovecha para hacer examen de conciencia y piensa: ¿Se trata de expectativas reales? ¿qué puedes aprender de esta situación?

Espéralo todo de ti, porque tú eres el artífice de tu propia vida. Tú eres la persona en la que siempre debes confiar en primer lugar, tú quien debes resolver tus propios miedos y llenar tus vacíos, lo que viene siendo trabajar el autoestima. No puedes amarrar a nadie a esa obligación, a tener que solucionar tus cosas o a ser el esclavo de tus expectativas por miedo a decepcionarte en algún momento. Es un trabajo bastante duro, pero te ahorrarás mucho dolor  si trabajas en ser tú mismo y aprendes andar solo por el mundo con seguridad y construyendo tu propia felicidad.

 

 “Nadie le debe nada a nadie, solo te lo debes  a ti mismo” ya lo dice el gran Rocky Balboa

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MI TESORO

Por fin terminé mi videocurriculum, en el que intento mostrar esa parte de mí que me convierte en una Educadora Infantil y la huella que quiero dejar en mis alumnos/as. Cuando decidí embarcarme en el mundo de la enseñanza infantil, apenas era consciente de las verdaderas razones por las que opté ese camino. Sin saberlo lo había convertido en mi propósito de enmienda. Crecer  con una educación que penaliza el error y la equivocación nos hace creer a muchos de nosotros  que somos “tontos”, porque no alcanzamos la calificación exigida con la que miden nuestro grado de inteligencia. Acostumbrados a una educación estandarizada, las escuelas se parecen más a una fábrica de pequeños robots, a los que podemos insertar toda clase de datos para que actúen en base a unas  normas establecidas y el pensar diferente, te convierte en “un bicho raro”.

Cada niño es un mundo y todos somos un talento especial, tan solo es cuestión de descubrirlo y sacarlo. Esa es la principal misión del educador. Pocos saben que la figura del docente resulta determinante para que el alumno se sienta motivado y estimulado, para que desarrolle todo su potencial. Mediante la creatividad y el talento hacemos posible la diversidad. La única forma de detectar talentos es hacer pensar a los alumnos/as de forma diferente, que se lo cuestionen todo, es la mejor manera de autorrealizarse. La gente produce lo mejor, cuando hace las cosas que ama. Tu vida es tu mensaje al mundo, por eso debemos asegurarnos de que sea inspirador.

No debemos tener miedo de cuestionarnos. Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

 

 

 

EL MIEDO

El miedo aparece todos los días y con frecuencia en nuestras vidas en la forma de estrés, inquietud, ansiedad y una variedad de otras formas negativas que proliferan. Existen todo tipos de miedo que sufrimos los seres humanos:

  • A lo desconocido: cuando nos salimos de nuestra zona de confort, donde están las cosas a las que estamos acostumbrados, nos cuesta mucho arriesgarnos a experimentar una situación nueva.
  • A la soledad: el miedo a nunca enamorarse de verdad y al no experimentar esa sensación o después de romper una relación, es lo que nos lleva a temer a la soledad hasta el punto de que no podemos soportar estar solos y preferimos  perdernos en relaciones y actividades superficiales.
  • Al futuro: el aumento de las crisis en el mundo, sean políticas, económicas o sociales, crea o añade miedo individual o colectivo al futuro. También el miedo a la muerte, el no haber conseguido tener una buena vida o no haber alcanzado nuestras metas.
  • A la enfermedad: la gente empeora las dolencias que padecen o viven atemorizados de contraer algo terrible.
  • A los demás: la necesidad de aprobación, de pertenecer o de ser aceptado, es lo que nos lleva al miedo a la ira, el rechazo, la burla, el juicio y la violencia de los otros.
  • Al fracaso: evitamos hacer algo, o decidimos no actuar, debido a que el miedo a fracasar paraliza tu iniciativa y confianza. Por ejemplo aceptar un trabajo nuevo por miedo a no desempeñarlo bien o no ir a la universidad por miedo a suspender.
  • A la toma de decisiones: muchas veces preferimos que los demás tomen las decisiones por nosotros por miedo a equivocarnos.
  • A la autoridad: puede tratarse del miedo a un padre o a un director. Debido a que frecuentemente se ha hecho un mal uso de la autoridad, o que ésta ha sido mal representada, para controlar y anular a la gente.
  • A mostrarte tal y como eres: no enfadarse, no dar tu opinión, ni mostrar tu desacuerdo por miedo a no encajar en la sociedad. Ir contracorriente es el mayor acto de valentía cuando nadie te apoya.

Pero el miedo al miedo suele ser el miedo peor, porque sabes que al tener miedo sufres. Evitas cualquier cosa que te vuelva a activar el miedo, dejas de hacer cosas o te pones distracciones para no sentirlo. No quieres volver a sentirte mal, de que regrese la ansiedad o de experimentar otra vez todo el sufrimiento, pero te metes en un círculo vicioso, porque al hacer esto, estás actuando en base al miedo. Tú crees que al tenerle miedo al miedo estás haciendo algo por evitarlo,  pero en realidad, ya estás viviendo, ya lo estás generando y lo único que hace es aumentar tu malestar.

Entonces, precisamente se trata de que dejes de ver al miedo como algo que sale de tu control, dejar de verlo como lo peor que existe y empezar a perderle el miedo, ¿cómo…? Sintiéndolo y enfrentándolo. Cuando empieces a sentir miedo… en lugar de querer frenarlo, distraerte o luego suprimirlo, déjate sentirlo por un momento,sumérgete en tu miedo, y ya después lo enfrentas. Sí, hay que decirnos a nosotros mismos “bueno, sí siento miedo, no será el fin del mundo, lo he sentido antes y aún sigo aquí, si lo vuelvo a sentir, sabré qué hacer en el momento, el miedo sale de mi mente, es una fantasía creada, así tendré control sobre él”. Es que luchar y huir no sirve de nada, necesitas quedarte, enfrentar, aceptar y sentir… y en ese momento, el miedo perderá valor sobre ti.

La verdad es que decirlo es más fácil que hacerlo y te aseguro que te va a costar, pero puedes utilizar estrategias para que te sea más llevadero. En el libro “Pensamiento Oriental para la mente Occidental” te propone trabajar desde tu interior para enfrentarte a tus miedos. Debes trabajar:

 Confianza: aprende a confiar, porque confiar en uno mismo, en los demás y en la vida abre posibilidades imprevistas. No te preocupes demasiado si te engañan, si el otro no dice la verdad, si, si, si… Deja estos “si” y actúa. Como se suele decir: “Quien nada arriesga, nada gana.”

Fe: salta por encima de las barreras; no las conviertas en excusas. Si no aceptamos retos, nuestra vida es una vida de “aburrida seguridad” cuyo fundamento está en el miedo a la novedad y al cambio. Puede parecer cómoda y segura, pero es de una seguridad ilusoria, que puede romperse en cualquier momento, de cualquier forma.

Aceptación: los errores, los contratiempos, los fracasos, las decepciones forman parte del proceso de crecimiento y de conocimiento, y no hay que condenarlos o temerlos. Todo ser humano los ha experimentado o los está experimentando, y los continuará experimentando.Ser liviano, todas las cosas tienen su significado y, si no ahora, al fin, entenderemos ese significado. Es sano para la mente y el cuerpo no cargar con el peso de la exageración y la falta de perspectiva.

La vida es un juego: conoce las reglas y juégalo bien. Un buen jugador es tranquilo, tolerante y flexible, no se queda atascado en una jugada, un movimiento u otro jugador durante demasiado tiempo, concede el respeto y la atención debidos, pero sigue adelante. Un buen jugador desempeña en el juego el papel que le corresponde y no intenta desempeñar el de los demás.

Amor propio: reconozcamos nuestra realidad espiritual como seres humanos con recursos de calidad en su interior que tienen siempre que estar abiertos para usarlos. No necesitamos aceptar falsos apoyos del exterior, como un nombre, fama y elogio. Somos lo que somos por lo que hay en nuestro interior. Nuestro punto de referencia es lo que de eterno y valioso hay en nuestro interior; entonces no puede darse el miedo a recibir daño.

Silencio y perspectiva positiva: cuando nos damos cuenta de la importancia de estar en silencio y quietud de vez en cuando, entonces nuestra positividad hacia el yo y la vida se reexamina y renueva. De lo contrario, la velocidad e inmensidad de las fuerzas negativas, provengan del yo o de los demás, sin duda nos harán temerosos.

Alejémonos de las presiones de la vida y aprendamos a romper las cadenas del miedo que nos atan y nos impiden progresar espiritualmente.